No todos los pinos tienen procesionaria ni todas las especies de pinos atraen de la misma manera a Thaumetopoea pityocampa, es decir, a la oruga procesionaria que tanto daño hace a nuestros perros. El pino laricio (Pinus nigra) está entre los más atacados. También podemos encontrarla en pino silvestre (Pinus sylvestris), pino carrasco (Pinus halepensis), pino piñonero (Pinus pinea) y pino marítimo (Pinus pinaster). Pero ojo, no hay un pino que esté libre de tener procesionaria, lo que sí hay son pinos más predilectos que otros.
Las hembras adultas de oruga procesionaria eligen dónde realizar la puesta y existen diferencias según la especie de pino en lo que respecta a cómo dejan sus huevos o actúan. En un mismo jardín podemos encontrar un árbol con varios bolsones y otro cercano sin ellos. La especie, la temperatura y la exposición de la copa influyen en esta distribución. Esto es justo por lo que importa la especia, por cómo la copa queda expuesta.
Las orugas pasan el invierno en el pino. Los bolsones blancos que vemos entre las ramas les sirven de refugio y reciben radiación solar durante el día, les ayuda a recibirla para conservar su calor. El frío limita su supervivencia, lo que ayuda a entender por qué su presencia cambia tanto entre unas zonas y otras.

La forma de la copa hace que la procesionaria prefiera más un pino u otro
Y aquí viene otro de los problemas provocados por el cambio climático. Los inviernos más cálidos que tenemos últimamente han favorecido la expansión de la procesionaria hacia lugares donde anteriormente las bajas temperaturas dificultaban su desarrollo. En Zaragoza hay diferencias importantes según la altitud. En Galicia, Asturias y Cantabria también cambian las condiciones entre costa, interior y montaña, pero en todas estas zonas el invierno es más cálido y no hay ese frío que les hace daño de forma tan presente.
Un pino que nunca ha tenido procesionaria puede presentar bolsones un año. Las mariposas vuelan durante el verano, realizan las puestas sobre las acículas y de ellas nacen las larvas. Durante el otoño y el invierno los nidos empiezan a resultar ya muy visibles. Por lo que hay que tener muy en cuenta ya no solo la especie del pino, sino también la temperatura o cómo recibe la luz solar.
Encontrar bolsones varios años seguidos exige que prestemos atención, sobre todo cuando el pino está en un jardín, una comunidad, un colegio o una zona por la que pasan perros. Las orugas terminarán bajando del árbol para enterrarse y es entonces cuando aumenta la posibilidad de contacto. Hay que actuar antes.
En Terapia Verde tratamos los pinos afectados mediante endoterapia con emamectina. Inyectamos el producto en el tronco y el árbol lo transporta hasta las acículas de las que se alimentan las larvas. Trabajamos desde la base del árbol, sin pulverizar la copa ni retirar uno por uno los bolsones de las ramas altas. No importa el pino que sea, trabajamos bien y estamos muy al tanto de cómo operan en función de la especie y teniendo en cuenta las modificaciones al clima que ha hecho el cambio climático.
Tener un pino no significa tener procesionaria, pero tampoco te creas eso de que hay pinos en los que nunca sale. Si aparecen bolsones, sí merece la pena revisar el árbol, sea cual sea, y actuar antes de que las orugas comiencen a bajar al suelo.