La procesionaria del pino es una de esas plagas que muchos propietarios de jardines conocen bien, pero que a menudo se subestima. Cada año, con la llegada de determinadas épocas, aparecen los característicos bolsones blancos en las copas de los pinos y, poco después, las orugas descienden en fila por el tronco. En ese momento surge la misma duda: ¿se puede eliminar la procesionaria por cuenta propia? Puede parecer una buena idea, pero al hacerlo corremos un riesgo tremendo de que la solución no sea definitiva o sufrir al intentarlo.
La realidad es que intentar aplicar un tratamiento para eliminar la procesionaria sin conocimientos ni medios profesionales no es seguro. La procesionaria no solo afecta a los árboles, debilitándolos y haciéndolos más vulnerables a otras enfermedades, sino que supone un riesgo directo para personas y animales. Sus pelos urticantes contienen una toxina capaz de provocar reacciones alérgicas graves, problemas respiratorios y lesiones serias en mascotas, especialmente en perros, incluso sin necesidad de contacto directo. A diferencia del picudo rojo, la procesionaria sí es muy lesiva para animales y personas. Hay que eliminarla bien y con cuidado.
Ante esta situación, muchas personas optan por soluciones rápidas, como cortar los bolsones, pulverizar productos insecticidas domésticos o intentar eliminar las orugas manualmente. Estas prácticas, además de peligrosas, suelen ser ineficaces. Al manipular los bolsones sin protección adecuada, los pelos urticantes se dispersan en el aire y pueden permanecer activos durante mucho tiempo en el entorno. Además, una eliminación parcial no evita que la plaga vuelva a aparecer, ya que no se actúa sobre todas las fases del ciclo biológico del insecto. Además, subirse al árbol, aunque sea a pocos metros con una escalera de mano puede conducir a una caída inesperada a causa de un susto provocado por la picadura urticante de una procesionaria.
Uno de los aspectos menos conocidos de la procesionaria es que no se combate igual durante todo el año. Su ciclo pasa por distintas etapas —huevo, oruga, crisálida y mariposa— y cada una requiere un enfoque diferente. Sin un diagnóstico preciso, cualquier tratamiento corre el riesgo de ser solo un parche temporal. Por eso, la clave para eliminar la procesionaria de forma definitiva está en saber exactamente en qué momento se encuentra la plaga y cuál es el tratamiento más adecuado en ese punto. Puedes quedarte contento al haber eliminado a las orugas pero ¿estás seguro de que has matado a todas las crías?

En Terapia Verde eliminamos la procesionaria, sus crías y realizamos tratamientos de prevención
Un diagnóstico profesional tiene en cuenta factores que suelen pasar desapercibidos para un particular: el grado real de infestación, el estado del pino, el entorno en el que se encuentra y el nivel de riesgo para las personas y las mascotas. No es lo mismo actuar en un jardín privado aislado que en una urbanización, un colegio o una zona frecuentada por animales. Cada situación exige una estrategia distinta, pensada no solo para eliminar el problema actual, sino para evitar que se repita.
Cuando se trabaja con un enfoque profesional, la eliminación de la procesionaria deja de ser una acción puntual y se convierte en una solución completa. Existen tratamientos biológicos, técnicas como la endoterapia vegetal o sistemas de control que, bien aplicados, permiten actuar de forma eficaz sin poner en peligro el entorno. Sin embargo, la elección del método correcto solo es posible con experiencia y conocimiento técnico. Esto es muy importante en fincas privadas, pero mucho más en colegios con pinares cercanos. Las procesionarias pueden hacer mucho daño a los niños. Por eso, cuenta con Terapia Verde. Operamos en Zaragoza, Galicia, Asturias y también en Cantabria. Ponte en contacto con nosotros. Nuestros presupuestos y servicios son los favoritos de España.